"Oficio noble y bizarro, entre todos el primero, pues en la industria del barro, Dios fue el primer alfarero y el hombre el primer cacharro"
sábado, 29 de septiembre de 2012
LA TOMA DE LA CIUDAD DE SEVILLA
lunes, 2 de julio de 2012
TRIANA (II) LA SALVACIÓN DEL PUENTE
Sobre las tres y cuarto de la madrugada del día 12 de abril de 1974 Viernes Santo, pasaba la Esperanza, el Puente de Triana lanzó un lamento en forma de temblor repentino que los sevillanos presentes sintieron bajos sus pies como un aviso de inaplazable solución para el viaducto. Este hecho hizo rescatar del olvido un antiguo proyecto de uno nuevo de hormigón, cuyo diseñó fue encomendado 1964 al insigne académico e ingeniero de Camino Carlos Fernández Casado, autor entre otras importantes obras el puente de Los Remedios o de la restauración del puente Romano de Mérida.
Ya desde mediados de los años cincuenta, del siglo pasado, se barajaba la posibilidad de sustituir el viejo puente que fue inaugurado en febrero de 1852 bajo la misma patente del puente Carrusel de París de 1834 del ingeniero Polenceau y por el igualmente ingeniero Canuto Corroza autor del proyecto. Anteriormente existió uno de barcas como exclusivo conexión con la otra orilla, cuya estampa quedó plasmada en multitud de grabados, permaneciendo a lo largo casi siete siglos. Fue derribado en 1845, según textos de la época para mejorar las comunicaciones entre Triana y el Aljarafe e igual suerte parecía destinada a correr el actual, si no es por la oposición de algunas personas como Aurelio Murillo Casas. El ABC de Madrid 7 de septiembre de 1968 recogían de él las siguientes palabras:
“Triana el barrio más populoso de Sevilla, con más de cien mil habitantes, está necesitado de una serie de obras importantes que, sin privarlo de su conocido tipismo, lo incorpore al desarrollo que la ciudad de Sevilla esta experimentando en todos sus aspectos” “por lo que respecta a las comunicaciones de Triana con el centro de Sevilla, el teniente alcalde a dicho que así como el sector más moderno esta bien comunicado con el resto de la ciudad, no ocurre lo mismo con la parte antigua, por estar desde hace años cerrado al tráfico pesado el puente de Triana y obligándose a muchos productores que trabajan al otro lado del río a dar un gran rodeo por la zona de Chapina o cruzar a pie el puente. “Mejorando el puente de San Telmo y construido el nuevo del Generalísimo, hora es ya también que se arregle el de Isabel II, el puente de Triana que sigue siendo la artería principal de unión con Sevilla.”
La idea del nuevo puente por parte la Jefatura de Puentes del Ministerio de Obras Públicas era decidida y avalada por los técnicos, Alfonso Vera ABC de Sevilla 8 octubre 1974. pag.82 EL PUENTE DE TRIANA se quejaba de ello:
“En su carta-informe a la Alcaldía el, profesor e ingeniero Fernández Casado explica con argumentos técnicos la imposibilidad de reparar el puente de Isabel II, y la necesidad de construir uno nuevo en el lugar que ocupa el actual, trasladando a éste sitio, para que sirva,casi de pieza de arqueología”.
Solución que nos recuerda lo que ocurrió con el puente de Alfonso XIII tras la Expo`92, continuaba: “De su informe se desprende que la debilidad del puente radica en sus elementos de hierro fundido. Sí esto es así, ¿por qué no se cambia todo su armazón de hierro por otro de un metal más resistente, sin variar ni un ápice la forma?”
Por otro lado, los partidarios de sustituir el de Isabel II, se posicionaban con argumentos tajantes como son los casos de algunos destacados intelectuales sevillanos. El propio ingeniero se manifiesta mediante un artículo que es publicado el 1 de octubre de 1974 titulado “Carta- Informe del Profesor Fernández Casado a la Alcaldía” el ABC de Sevilla destaca : “ES IMPOSIBLE LA REAPERTURA DEL PUENTE DE ISABEL II MEDIANTE REFUERZO O REPARACIÓN” consiguiendo irritar más si cabe, la opinión y el espíritu polémico de gran parte de los sevillanos.
El día 22 de octubre el Colegio de Arquitectos da a conocer un comunicado en el que solicita que se detenga el trámite de derribo del Puente de Triana, resultando decisivo el escrito en el debate abierto.
Después de esta polémica el alcalde Juan Fernández, tras conseguir fondos de la Dirección General de Carreteras del Ministerio de Obras Públicas, encarga la restauración a Juan Batanero García-Geraldo. Este ingeniero mantiene que se puede conservar en su aspecto actual, como recoge en el informe emitido a mediados de octubre del mismo año.
El 13 de abril de 1976 es declaro el Puente de Triana Monumento Histórico Nacional. El día 1 de junio de ese mismo año, en el salón de actos del Colegio Salesianos San Pedro de Triana pronunció Sr. Batanero las siguientes palabras recogidas por ABC de Sevilla:“La verdad es que yo no tenía opinión propia sobre la conservación o no del puente de Triana. Como ingeniero pensaba que para el funcionalismo quizá hubiese sido mejor derribarlo y construir otro nuevo, que diera satisfacción a conductores y viandantes;como hombre sensible, me inclino del lado de los que quieren conservarlo como reliquia de esta ciudad”
Bajo la dirección del ingeniero Manuel Ríos Pérez se llevan a cabo las obras para su rehabilitación, prolongándose las tareas hasta su inauguración el 13 de junio de 1977, cumpliéndose este mes el 35 aniversario de la salvación del Puente de Triana.
Alfonso Orce
martes, 26 de junio de 2012
lunes, 18 de junio de 2012
TRIANA (I)
sábado, 19 de mayo de 2012
AZULEJO A AURELIO MURILLO. MAYO 2012
jueves, 26 de abril de 2012
EL LEGADO DE CERÁMICA MONTALVÁN
Open publication - Free publishing
miércoles, 18 de abril de 2012
La Capilla Sixtina de la cerámica madrileña
Artículo publicado por Patricia Gosálvez en EL PAIS el 14 de abril de 2012
Ruta de cerámica por Madrid
Cuentan que en una de las cuevas del sótano de la taberna Los Gabrieles, los señoritos, en pelotas, hacían de toreros, y las prostitutas de toros. Los únicos testigos de la privadísima corrida eran los personajes alicatados en los azulejos del techo abovedado, unos murales con escenas taurinas creados en 1919 por el artista sevillano Enrique Orce. La cueva, llamada La Plaza de Toros, sigue allí, bajo la calle Echegaray, aunque el bar lleva ocho años cerrado. Es una sala pequeña (unos 6 metros cuadrados) húmeda y en obras. Ha perdido los burladeros de escayola que adornaban la parte baja de sus paredes y sus bonitos azulejos —aún sin restaurar— están cubiertos con una malla protectora y marcados uno a uno con un código. En el azulejo en el que aparece la punta del cuerno del toro que se está saltando la barrera se puede leer: “S/1/D/158”, por sótano, sala 1, panel derecho, pieza 158 del puzle. Este siglado es solo el principio del complejo proceso que ha supuesto restaurar el castizo bar flamenco que la historiadora del arte Natacha Seseña, maestra de la cerámica popular, denominó “la Capilla Sixtina de la azulejería madrileña”. Son casi 300 metros cuadrados de azulejos, miles de piezas, la mayoría de 15 por 15 centímetros, firmadas por maestros ceramistas como Enrique Guijo o Alfonso Romero.
La capilla está cerrada, pero al contrario que en el sótano donde están las cuevas, en los muros pelados de su planta baja ya se han colocado los azulejos protegidos por Patrimonio, que se arrancaron para ser restaurados. Se trata de una colección única de la llamada “Segunda edad de oro” de la cerámica mural, que, a finales del XIX y principios del XX, recreó de la mano de la arquitectura del color y de los historicismos arquitectónicos el esplendor de los siglos XVI al XVIII. Esa segunda edad de oro dejó en Madrid obras emblemáticas como la Plaza de Toros de Las Ventas (1919), el Palacio de Velázquez en el Retiro (1881-1884) o la farmacia Juanse (1924).
En Los Gabrieles casi todos los murales son anuncios de bodegas como Domecq o Garvey que los propios bodegueros pagaban para figurar en la emblemática taberna. El público era selecto: contaba entre sus habituales con toreros como Belmonte (que, dicen, celebró aquí una juerga durante 48 horas seguidas cuando se cortó la coleta), cantaores como Antonio Chacón, artistas como Ignacio Zuloaga. En sus sótanos se corrieron juergas flamencas Primo de Rivera y Alfonso XIII. Los anuncios parecen cuadros —de hecho algunos recrean, con guiños vitivinícolas, obras de Goya o Velázquez—, pero son piezas cerámicas pegadas con mortero a las paredes sobre una tela de malla azul cuyo término técnico es “capa de intervención”. La han colocado los restauradores y sirve para que, en caso de necesidad, si hubiese que arrancar los azulejos de nuevo, resultase más fácil hacerlo. “Arrancar’ es también un término técnico”, explica Eva Martínez, historiadora del arte y una de las diplomadas en Restauración que trabajaron en la obra, “aunque suena un poco mal, se refiere a la extracción sistemática y cuidadosa del azulejo de la pared”.
Los Gabrieles saltaron a los medios a finales de marzo cuando el edificio donde se ubica la taberna fue okupado para celebrar la Semana de lucha por una vivienda digna. Durante los días que permanecieron allí, los okupas —que reventaron un par de puertas pero no tocaron los azulejos— invitaron al ceramista Adolfo Montes y grabaron un vídeo en el que este critica con dureza la rehabilitación calificándola de “destrozo” (en el vídeo, el ceramista, que no es restaurador, aparece como miembro de Madrid, Ciudadanía y Patrimonio, pero su presidente se ha desmarcado de las declaraciones). “No hacía falta arrancar los azulejos”, repite por teléfono Montes, “y en todo caso, con la cerámica no hay tu tía, no se puede restaurar, es mejor reponer, encargar unos nuevos”.
ECRA, la empresa restauradora, muy molesta con el vídeo, disiente (avalada por la Dirección General de Patrimonio de la Comunidad de Madrid, que supervisó la obra). “El original es sagrado”, dice Abraham Rubio, su director. “Poner un azulejo nuevo es mentir, un falso histórico; en restauración siempre hay que usar materiales que se diferencien de manera técnica del original y que sean reversibles... Y, el arranque, siempre traumático, era aquí imprescindible”. Cuando los restauradores comenzaron su trabajo hace siete años, el edificio estaba apuntalado de oficio por el Ayuntamiento. “Es un edificio típico de la arquitectura madrileña de finales del XIX, serio y sensato, pero se estaba cayendo”, cuenta Lorenzo Alonso, arquitecto de la rehabilitación. “Hubo que duplicar toda la estructura, habría sido imposible hacerlo con los azulejos allí”. El estudio del arquitecto ha realizado un poético vídeo para conservar “la memoria canalla del lugar” en el que se puede ver la desaparecida barra donde recibía la madame, la sala pintada de rosa media de torero donde despachaba Manolete y los pósteres desvaídos de las habitaciones de las chicas.
Por su parte, los propietarios del edificio (un grupo de socios, algunos hermanos cuyo abuelo era el dueño del inmueble ya en la Guerra Civil) conservan un dossier fotográfico, más científico, que documenta todo el proceso de restauración: cómo estaban los azulejos cuando llegaron y cómo se arrancaron y limpiaron (por detrás de argamasa, por delante, de mugre). Algunos se desalinizaron, porque las sales de las humedades habían separado el esmalte del bizcocho; otros, rotos en pedazos, se “reintegraron volumétricamente” con resinas y estucos. Luego todo se volvió a colocar como un enorme rompecabezas (algunos paneles desordenados, porque así estaban originalmente). Ya en las paredes, se procedió a la “reintegración cromática”, es decir, se pintaron “en frío” (no en horno) las partes desconchadas. Donde faltaba directamente un azulejo entero, se encargó uno en blanco y se pintó encima. “Así, el espectador no ve una laguna en el dibujo, pero no es una falsificación”, dice Rubio.
Alumbrados por un potente foco de obra los murales relucen brillantes y coloridos, sin la pátina de humo y grasa de los casi 100 años que cumplen. En ellos hay escenas historicistas que recrean el Quijote, mucho folclore flamenco de toreros y gitanas y algunas figuras más modernistas, como la pícara chica desnuda que con pelo de parra exprime jerez directamente de un racimo de uvas. Inolvidable el mural de Enrique Guijo en el que unos esqueletos bailan la rumba.
Los dueños, que han vendido el resto del edificio a un inversor que ha puesto en alquiler los pisos rehabilitados, conservan la propiedad de Los Gabrieles. No tienen planes concretos, ni fechas, sobre el futuro del local, pero esperan poder volver a abrir pronto “la capilla” al público.
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