domingo, 24 de noviembre de 2013

Historias del Vinagre :Apuntes para un libro inédito "LA CONJURA DEL DRAGÓN O EL COMPLOT DE SEVILLA " Continuación de la Parte II



Continuación de la Parte II

En la puerta del juzgado tropiezo con el guardia que avisó que me buscaba Manolito, ambos nos miramos mientras  él se fija en la carpeta . Es el final pensé, mientras me temblaban las piernas de miedo. Detrás de unos gritos cada vez mayor y  más cercanos, entonces oigo:

- ¡¡Perea, Perea¡¡!! hay alguien  abajo¡¡ - Pregunta el cabo desde las escalaras.

-¡Sin novedad en la puerta , mi cabo¡- Responde el guardia.

- ¡Corre, corre chaval, que Dios te ayude¡

  Tira por la calle Cuna, por Sierpes no¡ 

Eso hice, corrí hasta la puerta del Palacio de los Condes de Lebrija, donde paré a tomar aire  y observé  algo extraño, las Puertas estaban echadas. Nunca había visto cerrada sus puertas, siempre me encantaba pararme y mirar desde la cancela su hermoso patio lleno esculturas y mosaicos romanos, hoy cerrado a cal y canto.  Entonces me acorde que era sábado y que mi padre me esperaba a las 2,( hacía semana inglesa*), para comer. Además quería buscar la protección de él y esconder la maleta. Entonces miré al frente y vi la salida, un rótulo en cerámica que ponía calle Goyeneta , era el mejor camino hasta el bar. Llegué a la calle Puente y Pellón y gire a la derecha, para entrar por la calle Siete Revueltas parando en la última esquina, mientras observaba como iban cerrando los comercios apresuradamente.

Desde allí pude divisar un gran revuelo de gente en la puerta del bar de mi padre. Reconocí  al cabo Cigüeña que sobresalía entre todos, dando aspavientos señalando a distintos sitios y aparentemente malhumorado.  También  reconocí al  que venía al frente del grupo que asalto el juzgado, un tipo repeinado lleno de brillantina y  con un traje elegante de color claro. En la mano que empuñaba la pistola mientras hablaba en el corro , algo me llamó la atención, un gran anillo que relumbraba con el reflejo del intenso sol de julio. El destello me dio en la cara , lo que  hizo que me deslumbrara  la visión por unos instantes. De pronto siento una mano sobres mis hombros  que me sujeta con fuerza  y una voz me dice:

- Pepito  entra dentro, soy Enrique Bernabé-

-Tu padre anda buscándote, lo han llamado del juzgado cuando yo estaba con él.-

¿Qué es esa cosa tan importante Pepito?

-No se lo puedo decir Don Enrique- Le respondo

Don Enrique era un viajante de éxito que representaba, entre otras cosas,  máquinas de coser de  la famosa  marca Wertheim  y  contertulio habitual del bar .

-Esperamos en casa hasta que se despeje la calle- Me pide

Mientras tanto, charlamos durante un largo tiempo y  me insistía una vez y otra en saber la importancia de los documentos. Yo solo le dije: Que no entendía de política y que me daba igual, que no me separaré de ellos. Que es el encargo que tengo por parte de mi jefe, salvarlos. 

-¿Quiénes son esos que te persiguen Pepito?- Me interroga

Solo conozco al cabo y sus guardias, están destinado desde hace pocos días en la vigilancia de los  Juzgados. La semana pasada cambiaron a todos los que siempre estaban allí de servicio, excepto  a uno por orden del señor juez, que se resistió a que ese agente fuese cambiado de destino y que hoy por suerte estaba en la puerta.

-Ese cabo es un matón peligroso , tiene una banda de forajidos armados por él. Sé de buena tinta que se dedica al atraco de los pagadores  de nóminas y está amparado por un sindicato-

-A  mi jefe no le gustaba nada.- Le respondo

Don Enrique me comentó que pertenecía a la falange secreta y que horas antes había tenido una reunión en el Bar  The Sport con Pepe el Algabeño y otros  falangista. En dicha reunión habían tratado sobre un levantamiento militar que se produciría hoy, y a cuya cabeza en Sevilla estaría el Inspector General de Carabineros Gonzalo Queipo de Llanos. Tenía encomendado  contactar con todos los falangistas que pudiera, para que se presentarán en la División ya que él tenía salvoconducto para viajar por su condición de comercial y una misión mucho más arriesgada: Pasarse  por Triana por encargo especial,  en la que le harían entrega de algo importante , porque  el jefe local de falange Joaquín Miranda  estaba en la cárcel de Ranilla .

Yo le respondí  que no tenía ni idea de lo que era eso  de la falange secreta y él me respondió rápidamente:

-Los que no están  en ninguna lista y  tienen cargos civiles o militares y se pueden mover  con libertad, el resto en su mayoría están en la cárcel.-

-En Sevilla, hay ahora mismo miles de hombres armados , entrenados  y encuadrados en las distintas milicias radicales  del Frente Popular dispuestos a todo, tras el triunfo de las elecciones para ellos, es la revolución. No en vano, le  llaman Sevilla la Roja.- Me aclaró.

¿Por qué me cuenta usted esto?

¿Quieres fumar? Me  señala con un cigarro que saca de una pitillera y a continuación enciende un elegante mechero metálico.

-No, no fumo.-

-Mejor, esto es una mierda- Me dice mientras mira como el humo se va hacía el techo.

En ese momento suenan varias detonaciones, que por el ruido parecen  saltar cristales.

¿Son tiros don Enrique?

-Efectivamente Pepito, son paqueo-

-¿Qué es eso?-

-Gente que disparan desde las azoteas  coja a quien coja, es una guerra sucia y sin valentía, de cobardes, le llaman Pacos (francotiradores) -

-No entiendo nada- Respondí tranquilamente.

-Estos mal nacidos, lo aprendieron en África ,en la Guerra de Marruecos. Allí aplicaron lo mismo que nosotros contra los franceses,  pero sin dar la cara, que nosotros sí la dimos en  la guerra de guerrilla por nuestra independencia.- Relataba mal humorado.


-  Los moros rifeños utilizaron la guerra selectiva sin frente, podías caer en cualquier parte,  cuando comías,  dormías o  estabas meando, un tiro  solitario y  puf  hombre muerto. Conocían el terreno y se parapetaban en las montañas. Nos esperaban como presas y  caíamos como conejos. El  Barranco  del Lobo y Annual en los dos, en los dos estuve.-Repetía, señalando a no sé dónde.

-El Barranco del Lobo, el maldito Barranco del Lobo, vaya nombre para morir, !vaya sitio para morir Pepito¡- Exclamó

Me contaba todo esto con la mirada perdida.

-Mi padre era zapatero y pertenezco a una familia de 8 hermanos, vivíamos en la calle Feria en una casa de vecinos del barrio de la Macarena. Pronto me tuve que salir del colegio, a pesar de tener talento y en contra de la opinión de mis profesores que veían en mí  a un buen estudiante. Aunque la zapatería de mi padre iba muy bien, tenía mucho trabajo y empleaba a dos hermanos míos, no daba para todos. La calle Feria es muy comercial, pues es la entrada natural a Sevilla de todas la gente de la Vega del Guadalquivir y de la Sierra Norte, es una buena escuela de comercio, ahí aprendí yo este oficio  que me da hoy de comer –

Con 15 años me fui voluntario al ejército, mi padre tuvo que ir al juzgado para que me pudieran alistar. En 1904 ingresé en el Regimiento de Infantería nº 8, dos años más tardes fui  trasladado a Melilla, dónde ascendí  a cabo al poco tiempo.

Recuerdo que en una misión de correspondencia, donde teníamos que contactar con una Kabila  supuestamente amiga . Era  invierno, el invierno en aquellas montañas del Rif es tan duro como el verano, nieva en gran parte de las cumbres y llueve  torrencialmente.  Atravesamos el  río Uad Kebir* (hoy se llama Amekran) para cumplir nuestra misión, al regreso el río había crecido inesperadamente, debido a las intensas lluvias y en esos momentos estábamos asediados por un grupo de rifeños. La munición empezaba a escasear y veíamos insalvable cruzar  aquel embravecido río, mientras los disparos eran cada vez más cercanos y certeros,  3 de los 4 soldados que componían mi escuadra y el interprete ya estaban heridos .  En aquel momento el soldado acemilero  José Mármol Raya natural  de La Puebla de Cazalla ( Sevilla) aligera de carga el mulo y lo monta ,subiendo a uno de los heridos que lo amarra a su cintura, para cruzar el río, cosa que consigue gracias a la potencia de nado de la acémila . Todo esto en medio de un intenso tiroteo,  milagrosamente nos salva  pasando uno a uno hasta el último ,al otro lado de la orilla . Una bala impacto en el lomo del  mulo, causándole una gran herida que fue vendada con las cintas de las polainas del soldado y taponada con la arcilla del río. El animal aguanto más de quince kilómetros hasta que cayó. Quise rematarlo con mi fusil, pero el acemilero se negó  y nos apunto con el suyo gritando ¡¡Éste nos ha salvado y queréis matarlo, antes a mí!! . Solo es para que no sufra y  escapar más ligero, no podemos esperar aquí mucho tiempo, sin alimentos ni municiones. Le decía una vez y otra, tratando de calmarlo. Se hizo un tenso silencio, que fue roto por el interprete nativo ;
- Detrás de aquella loma hay una cueva y un pozo que usan los pastores, allí podemos refugiarnos - Conseguimos llegar con el mulo a la cueva y esperar hasta que todos se curaran, una vez más la suerte nos acompañó y  la cueva resultó ser un secadero de quesos, que nos nutrió por varios días.
Aquel animal hizo  alejarnos del camino donde nos esperaba el enemigo emboscado, como ocurrió con otra patrulla que no tuvo la misma suerte.

Por aquella acción de guerra ,se ganó el soldado acemilero una medalla pensionada y  el ascenso al grado inmediato superior de Soldado de Primera , luciendo desde aquel día la tirilla encarnada en ángulo de 60º sobre el brazo . A mí, me propusieron para Sargento, empezando en aquel momento mi verdadera carrera militar.

Al poco tiempo conseguí, con informe favorable del jefe de mi unidad, el ingreso en la Academia de Infantería de Toledo.  Saliendo  en  junio de 1909 con el grado de Segundo Teniente. A los pocos días ,desde Málaga en un vapor, llegué  de nuevo a  mi amada Melilla , donde me encuadraron en su comandancia General, en labores de oficina, destino que creía poco adecuado para mí por considerarme hombre de acción.

En los primeros días de julio de aquel mismo año,  una mañana , llegó el Comandante Jefe de la Ayudantía donde trabajaba, dando gritos de indignación

-!Han atacado y matado a seis trabajadores Bernabé ¡-

¿Dónde mi Comandante?

En Sidi Musa, estaban construyendo un puente para el tren de las minas de  hierro de Uixan.

(El 9 de julio de 1909 se produce en Sidi Musa un ataque de los rifeños a un grupo de obreros españoles que construían un puente para un ferrocarril de la Compañía Española de Minas del Rif , matando a seis de ellos e hiriendo a uno. Cuando los hechos son conocidos por el gobierno, presidido por Antonio Maura, éste decreta el 10 de julio la movilización de tres brigadas mixtas de Cazadores, la de Madrid, Cataluña y Campo de Gibraltar formadas en su mayor parte por reservistas de las quintas de 1903 y 1904, lo que provoca disturbios en Madrid y en Barcelona, donde se producen los sucesos conocidos como la Semana Trágica.)

Me presente voluntario, para  ir en el batallón que se formó con las fuerzas propias que había en Melilla y de las que iban llegando de la península para ir a Sidi Musa. El día 20 fuimos atacados por numerosas fuerzas harqueñas que nos produjeron gran cantidad de bajas, aunque fue rechazado tras largos combates, bajo un sol abrasador sin agua y sin comida.

 Novedosa para mi hasta entonces fue su inusual táctica, nos disparaban desde las alturas con gran precisión y elegían el blanco, primero los jefes después los oficiales y por último la tropa.

Un día cuando me encontraba con una sección en una misión de reconocimiento y vigilancia en una de las laderas del monte Gurugú , estaba informando a mis jefes de la Plana Mayor por medio del heliógrafo, un disparo hizo saltar el espejo por los aires.

Grite.!cogerlo, cogerlo! Salio un cabo machete en mano y le siguió un pelotón para cubrirlo, atrapando al moro.

 Cual sería mi sorpresa , al comprobar que estaban perfectamente dotados y con modernos fusiles Remington de fabricación USA . Nosotros anticuados fusiles Mauser y escaso de munición. El prisionero nos manifestó que tenían aprovisionamiento en abundancia y que estaban preparándose para una gran batalla.

Se lo comuniqué a mis superiores para que estuviésemos preparado, ya que las extrategías de guerra clásica no valdrían allí.

Por desgracia mis temores se cumplieron, en el Barranco del Lobo, pusieron en marcha su temida emboscada, produciendo gran cantidad de bajas. De los primeros en caer fue el propio jefe al mando de la brigada el general Pintos  y uno tras otro, la mayoría de jefes , oficiales  y gran número de tropa. Yo salí ileso, pero tuve que hacerme cargo de organizar el repliegue de mi compañía al caer el capitán, que pertenecía a los Cazadores de Arapiles. En dicho regimiento hasta el Pater  tuvo que tomar el mando.

Fue terrible aquella derrota, que para colmo se repetiría más tarde en Annual la misma estratagema contra nosotros, cayendo en los mismos errores.-




Mientras todo esto contaba,  me di cuenta que habían pasado más de dos horas  y le dije que me marchaba.

Entonces dijo que me acompañaría hasta casa y que daría escolta, ya que en la ciudad se estaban  produciendo multitud de desordenes. Yo le dije que acompañándome sería suficiente (empezaba a dudar en aquel momento de todo el mundo).


Continuará.................

sábado, 2 de noviembre de 2013

Historias del Vinagre :Apuntes para un libro inédito "LA CONJURA DEL DRAGÓN O EL COMPLOT DE SEVILLA ( ADELANTO II PARTE)"



Hoy  2 de noviembre, continúo con la lectura y pongo un adelanto de la II Parte, aunque esta historia es larga :
"En  la tarde del 17 de julio de 1936,  mientras todo parecía en calma, en aquella calurosa tarde  de viernes. Don  Manuel  echaba una cabezada sobre su mesa, con las persianas echadas de toda la dependencia y yo cosía sin hacer ruidos legajos y expedientes en el más absoluto de los silencios.  De  pronto, sale de su despacho el Juez alarmado y gritando- ¡¡Manolo, Manolo!! ¿ Dónde está el Secretario?

– Ha salido a tomar café Señoría -contesta sobresaltado.

-¿Qué pasa Señor Juez? Le pregunta Don Manuel.

-Que unos militares se han sublevados en Melilla- Responde  con intranquilidad.

El oficial  trata de tranquilizar al juez y le dice:

-No creo que sea nada importante, será como otras veces- Asevera.

- Esta vez sí es importante, me han llamado de Madrid y del Gobierno Civil- Puntualiza el Juez.

-Mando al Niño a llamarlo ahora mismo y con un gesto cómplice me llama para que me acerque, me dice en voz baja:

- Sí pasa algo,  tienes que  poner  a salvo  lo que tú sabes –

Se levantó y me llevó hasta la habitación  donde estaban los expedientes, los extrajo de las estanterías para  meterlos  en la cartera del correo y procedió a guardarlos  en un  hueco del falso techo.

-No le digas a nadie que tienes estos papeles- Me advirtió.

-Y ahora llamas al Secretario y te vas a casa- Concluyó



Corrí hasta llegar al Puente de Triana, casi sin darme cuenta estaba en mi casa y no me había encontrado a  nadie por las calles, en aquella extraña tarde de verano.

A la mañana siguiente, sobre las 9 de la mañana, me presenté en el trabajo y al entrar por la puerta me paró uno de  los Guardia de Seguridad.

-Niño, Manolito anda buscándote- Me dice el guardia.

Al lado estaba el cabo conocido en el barrio como El Cigüeña, por ser muy alto, que me miró sorprendido al ver mi cara. A los Guardias de Asalto le exigían más 1,70 de altura, para aquella época era mucho y este sobrepasaba el 1,80. A mi jefe no le gustaba nada El Cigüeña y creo que era recíproco, pues los dos apenas se hablaban.

Subí las escaleras a toda prisa  y el cabo salió detrás de mí hasta llegar al primer piso, donde esperaba el Sr. Rodríguez cortándole el paso y le dijo:

 -¿A dónde va usted-

- El niño que no tiene vergüenza, ha entrado y no ha dado los buenos días- Respondió resoplando por el agotamiento de  la persecución.

-¿Y usted los ha dado? Sentenció Don  Manuel poniéndose de puntilla mientras lo miraba fijamente. El otro se puso derecha la gorra de plato y se ciñó el correaje con gesto de desafío, dándose media vuelta.

-Hoy no te muevas de aquí hasta que yo te lo diga- Me manifestó.

Sobre las 1  de la tarde, irrumpen en el Juzgado un grupo de hombres armados al que acompaña el cabo Cigüeña y sus agentes. El grupo va encabezado por un paisano que se identifica como autoridad, seguido de gentes uniformadas de militares y civiles.

Exigen ver al Juez y al Secretario, Don Manuel les pregunta por el motivo de su visita. Sé que está ganando tiempo, en ese momento me mira y es la señal. Mientras él los distrae y se los llevas al despacho del Juez, aprovecho para llevarme el maletín del correo.

-¡El Niño, El Niño!- Escucho los grito del cabo por las escaleras, ya era tarde para cogerme. Salí corriendo ………………………..continuará"

viernes, 1 de noviembre de 2013

Historias del Vinagre :Apuntes para un libro inédito "LA CONJURA DEL DRAGÓN O EL COMPLOT DE SEVILLA (I PARTE)"


Cada vez es más difícil aparcar en este barrio, llevo ya cinco vueltas con el coche y nada, no hay nadie que se mueva. Será la crisis, no hay dinero para combustible o para unas cañas, hoy es viernes y las diez de la noche. Me dirijo a un cajero de un banco al lado de donde he aparcado mi vehículo en doble fila, será por poco tiempo, espero que no me vea ningún guardia.
 Sorpresa, el Vinagre: -¿Qué hace usted aquí Vinagre?
 - ¿En un cajero, durmiendo?
 -No Don Alfonso, sabe que me gusta más la calle y aún más sí cabe, estos días de noviembre donde refresca la noche. Le estaba esperando.
 ¿Y cómo sabía que vendría? Le pregunto.
-Eso ahora no importa. -Tome esta caja y llévesela, es muy importante. - Tiene que sacar toda la verdad, en ella vienen documentos muy valiosos.
 ¿Quién le ha dado a usted esto? Interrogo.
-El propietario , tiene más de 90 años y me lo ha dado para que usted haga la luz. Contesta con su peculiar voz, mezcla de ronca y chulesca.
 -¿Y de qué tratan estos documentos?- -Eso debe de averiguarlo usted- me inquiete mirándome fijamente
- No perdamos tiempo, le ayudo con la caja hasta el coche- me dice mientras se lleva la caja sobre su hombro.
 Me pregunto mientras esto ocurre como sabe que tengo allí aparcado el coche. Este hombre me desconcierta, pero siempre anda enredándome entre favores e invitaciones a cañas, que le gusta un sablazo. -¿Don Alfonso me deja usted pagadas un par de cañas en el bar del Manuel? –Me dice como es habitual en él-.
 -Respondo claro, como siempre. Espero que sea interesante esto, Vinagre. Pero cuando me doy la vuelta, al meter la caja en el maletero del coche , ya ha desaparecido.
 Empieza a llover, son las primeras aguas del otoño, bienvenidas como todas, pero estas más, ya que ha sido un largo y caluroso verano. Me apresuro hacía mi viejo estudio, para abrir lo que puede ser un auténtico tesoro en documentos.
En la caja envuelto con una cinta se encuentra   papeles en una carpeta con recortes de periódicos y una libreta manuscrita y todo con una etiqueta, realizada con una hoja de papel ya amarillo, donde pone LA CONJURA DEL DRAGÓN O EL COMPLOT DE SEVILLA. Son las 11.20 de la noche y la curiosidad por conocer el origen de los papeles es superior a mis ganas de verlos.
Un impulso hace que vaya al Bar de Manuel para encontrarme con el Vinagre, él no podía dejar pasar unas cañas gratis.
 Me encuentro en la puerta al hijo barriendo y le saludo. -Buenas noche Manolo,¿ estás solo?
-Sí mi padre ya se ha ido- Me responde indiferente. -
Me pones una caña- le requiero casi suplicando. Y sin hablar, como sí de un rito se tratara, me la pone con parsimonia y sin mirarme, como sí yo no existiera.
¿Manolo ha estado aquí el Vinagre? Le pregunto.
 ¿Qué Vinagre? Me responde con malas ganas.
 -Todo el mundo conoce al Vinagre, yo he estado aquí con él.
 -Yo no conozco a ningún Vinagre ni al Aceite ni nada referido a su ensalada mental Don Alfonso.- Determina mientras me hace levantar el vaso del mostrador inoportunamente, para pasar la bayeta que ya pasó cinco veces por el mismo sitio. Se hace un largo silencio y le digo :
 -¿Qué te debo?
Responde con un sonido casi inteligible, sacando las palabras como sí las extraerán con un sacacorchos: -Cuatro con veinte-
 -¡4,20 , sí solo me he tomado una caña, no me digas que este garito tienen precios de puticlub¡.- Exclamo mal humorado.
Me responde con retranca- No Don Alfonso, los precios son los de siempre: Una Coca Cola Zero 1,50 Una copa de vino tinto 1,50 Y una caña de cerveza 1,20 Total 4,20.
¿Y quién se ha tomado la Coca Cola y el vino? Le digo .
-Un señor mayor y una muchacha- Responde como si nada.
 ¿Cómo que un señor mayor y una muchacha?
 -Sí lo traía en un carrito- Me dice con suficiencia, como sí algo se guardara.
 ¿Cómo , qué le dijo?
 -Sí, me dijo que usted le pagaría el vino y que le había hecho un encargo-
¿Y qué más? Le digo con mucha impaciencia, pero con igual de delicadeza.
-Nada, que le dije que se pusiera en la cola que usted tarda mucho en hacer las cosas-
 -Desde luego eres la alegría de la huerta- Le suelto cansado de su retahíla de pasota trasnochado.
 ¿Cómo era ese hombre? Le pregunto cuando ya me tiene arrinconado con la escoba.
 -Tengo que cerrar, mañana más. Además yo solo me fijo en las mujeres y ella estaba muy buena-
 Con estas palabras me deja de piedra, atónito, lo de este chaval no tiene arreglo. Mientras salgo le digo: ¡Búscate una novia, seguro que cambias! .
Me apresuro al estudio a mirar la caja, lo primero que abro después de quitar la cinta es una libreta que se inicia con el siguiente texto:
"Todo lo que aquí está escrito lo hago solo por el bien de la verdad y con el deseo que no se vuelva a repetir. Por desgracia, muchas cosas de las que están ocurriendo en estos momentos se parecen a lo que yo viví en eso días. Los españoles somos un pueblo y siempre hemos sido capaces de salir de los malos momentos y de éste, también saldremos. 
Mi nombre es José Pérez Ramos y soy natural de Palma del Río provincia de Córdoba, aunque vivo en Sevilla desde niño. Aquí voy a relatar lo que yo viví por aquellos años de la II República y sobre todo algunos sucesos muy graves que transcurrieron en Sevilla y de los que fui testigo directo o indirecto. También completan mis relatos la información que he ido recopilando a lo largo de mi vida, de los mencionados sucesos. 
Nací en enero de 1916, aunque viví poco tiempo en Palma del Río ya que mi padre se vino a trabajar a Sevilla para la Exposición del 29. En mi pueblo, mi padre tenía unas tierras de naranjas compartidas con su hermano, herencia de una tía suya que no tenía hijos .Una riada les dejo sin cosecha, lo que le llevo a venderle a su hermano su parte y venirse a Sevilla, como ya he dicho.
 Vivíamos en el Corral Montaño en la calle Pagés del Corro en Triana. Mi padre tenía alquilada dos habitaciones en la planta baja, junto a los lavaderos y el árbol grande del patio, en medio un enorme horno de cerámica presidía aquella populosa casa de vecinos donde ,yo de niño, me afanaba en cazar zapateros (libélulas) * y coger hojas de morera para mis gusanos. Aquí vivíamos, amén de mis padres, mi hermano Antonio que trabajaba en un tejar* y el que subscribe.
 Mi hermana Belén era la mayor y vivía en Los Rosales* (Tocina -Sevilla) con su marido que era ferroviario, en una casa al lado de la estación. Me encantaba ir a su casa, era la mejor excursión que se podía hacer y encima en tren, además mi hermana me trataba como una madre, era muy buena. Belén era fruto del primer matrimonio de mi padre que era viudo y casado en segundas nupcias con mi madre, 15 años más joven que él. 
 La casa de mi hermana me encantaba, era de una sola planta con paredes encaladas con el blanco de los años, sobre la que un amarillo canario daba su colorida pincelada de musicalidad y  un búcaro (botijo)* perenne en la ventana, cuya agua aliviaba la sed de los viajeros. El techo de viejas tejas, que sonaban en las largas noches con el viento otoñal y que llenaba de fantasías mis sueños, remataba en su altura aquel hogar que nos daba cobijo. Una gran parra hacía de pórtico al pequeño jardín de rosas que daba entrada a la vivienda. En la parte trasera tenía un corral con gallinas, conejos y palomas que cuidaba su perro, que no ladraba. Mi padre decía siempre que era como el marido de mi hermana, que tampoco hablaba.
 Lo cierto que el esposo de mi hermana era muy serio y tenía el carácter un poco agrio, no se le conocían amigos fuera de la empresa de ferrocarriles, MZA* es lo que ponía en su gorra azul con dos hojas de laurel en plata. Lo contrario de mi padre, tenía amigos por todas partes donde iba, siempre dispuestos a echarle una mano y a tomarse una copa de vino con él.
 Cuando terminó la Exposición del 29, mi padre se quedó parado en los albañiles. Pero encontró pronto trabajo, en un bar cerca de la plaza del Salvador. Allí conoció a mucha gente importante de Sevilla, él escuchaba a escritores, empresarios, artistas y políticos que hablaban de cosas que desconocía, pero que le parecía muy importantes .Por eso quiso que yo estudiase y me metió en el Colegio San Fernando de los PP Marista que había en la calle Jesús del Cran Poder, calle que cuando llegó la República le pusieron calle Palma. Yo bromeaba con mis amigos y les decía que era por mí, porque era de Palma del Río. 
Después estudié bachillerato en el Instituto Provincial San Isidoro de Sevilla . Cuando cumplí los 14 años mis padres estaban preocupados por mi porvenir y por otro lado hacía falta el dinero en casa. Por lo que habló por mí a un conocido cliente llamado Manuel Rodríguez que trabaja en los juzgado, conocido por Manolito del  juzgado . Por aquel entonces los juzgados estaban en la plaza del Salvador, cerca de donde trabajaba mi padre. Yo en aquella época, cuando salía de clase me pasaba todo el día en el río o en Tablada, me encantaba ver los aviones ir y venir. Mi padre estaba obsesionado con quitarme de la calle y que progresara en la vida. Manolito le dijo a mi padre que había una plaza de Mozo de Juzgado vacante, pero que tenía que tener estudios y mecanografía. 
Mi padre me apuntó a una academia que había en los pisos altos de la calle Orfila. Al poco tiempo ya sabía defenderme con la máquina de escribir. Para pagar las clases mi madre estuvo haciendo jabón en un baño de zinc en el patio del corral, faena que le ocupaba gran parte del día. Primero iba por los bares y por las vecinas recogiendo todo el aceite que tiraban y luego con la sosa cáustica hacía el jabón. Una vez cuajado, lo cortaba y lo vendía a todo el que quería, mi hermano y yo lo llevábamos a las droguerías. El olor del aceite de cocina, se nos quedó a toda la familia impregnado durante mucho tiempo y nos olían desde lejos hasta los gorriones. La de la tienda que había en nuestra calle, no me dejaba entrar, tenía que comprar las cosas desde la puerta. A mi familia, desde aquello,  en el corral nos llamaban los del jabón.
 Una mañana temprano nos presentamos en el juzgado para hacer las pruebas oportunas. Mi padre me presento a Don Manuel Rodríguez, que era más joven que mi padre. Me dio la mano mientras escribía en la impresionante máquina negra con letras doradas y fumaba a la vez. En las dependencias habían más personal, pero él estaba en el frente, detrás estanterías con cientos de legajos y su mesa con incontables marcas de quemaduras por los cigarros que no apagó y enmarañada de  papeles. Me dijo: Enséñame los documentos académicos oficiales, siéntate allí y escribe lo que yo te diga. Mientras leía los papeles que yo le di, me dictaba, dándome la conformidad a los documentos. En un momento dado dijo ya, tráeme lo escrito y dictaminó; bien. Escribió en su máquina , firmó y sello, se levanto y se dirigió al despacho del Sr. Juez, para salir al rato.
- El lunes el niño aquí ( ya me quedé para siempre con el sobre nombre del “Niño”). Se dirigió a mi padre muy serio y le señalo: 
- No me traigas más al niño con pantalones cortos-  le asevero a mi padre, mirándome de arriba abajo.
- Aquí trabajamos hombres y tu hijo desde hoy ya lo es, hasta el lunes- dijo.
 Aquella misma tarde mi madre quería y a buscar al ditero*, para que le diera un vale y comprar los pantalones. A mi padre no le gustaban los diteros y nos llevó a los Almacenes de Pedro Roldán, que estaba al lado del bar, donde conocía a mucha gente y me sacó dos pares azul marino y dos camisas blancas.





 Mi padre trabajaba en el Bar Europa en la plaza del Pan, donde llevaba las mesas, tenía un mueble entrando a la izquierda donde guardabas las fichas de colores con las que pagaba en barra las consumiciones de las mesas. Yo no entendía eso, pero me parecía algo muy curioso, unido al lugar tan especial y lleno de encanto que era ese bar, hacia que me sintiera en un lugar especial. Yo nuca podré olvidar esas antiguas mesas con las tapas de mármol y mi padre repeinado e impoluto con su chaqueta blanca donde lucía sus botones dorados y su bandeja reluciente como una patena, sirviéndolas. Los sábados cuando acababa en el trabajo, él me esperaba en el bar y cuando terminaba nos íbamos los dos para Triana. 
Siempre me contaba historias de sus clientes, me decía – Mira niño, el que se sienta en la última mesa y esta siempre leyendo el periódico es Don José Rico Cejudo, profesor y pintor autor de las escenas que tenemos arriba en la pared al lado del techo. Sí te fijas hay paisajes de Venecia, él fue becado en la Escuela Española de Roma y vio Venecia nevada, algo difícil de ver, pero ahí está - y me señalaba una cornisa. 
–El que se pone siempre en la ventana es Martínez de León, un gran dibujante del periódico ABC, aquí hace muchos de sus dibujos-. 
-Ese hombre con el traje blanco que está tan animado con su charla, es nada más y nada menos que Galerín, el gran periodista del Liberal. Todos son amigos míos-.
 Así me hablaba de uno y otros personajes importantes de la ciudad en la que se consideraba parte de ella, es una de las cosas más sorprendente que tiene Sevilla, su capacidad de integración.
Cuando yo empecé a trabajar y a él le iba bien en el bar con las propinas, decidió cambiar de casa y nos fuimos a un bajo completo en una casa cerca del Corral Sánchez, frente al cuartel de la Guardia Civil. Ese fue el momento en que mi padre decide iniciar una aventura empresarial y se mete en el tema del marisco. Tenía un amigo en el barranco (mercado de entradores) que por aquel entonces estaba a la entrada del puente de Triana, que le facilitaba el marisco a buen precio.  Mi madre y él ,lo cocían en el patio de la casa y luego se lo daban a unos hombres y a mi hermano, para más tarde  venderlos en canastos por las calles. 
A parte del marisco (fundamentalmente, cangrejos de río, camarones, gambas arroceras y mojama) mi padre era propietario de los canastos y de las chaquetillas, que por aquel entonces eran de talla única. Todos estaban canijos y eran bajitos, no como pasa hoy.
Posteriormente, puso un quiosco con marisco ya más fino y bebidas por el Cristina, dejándoselo definitivamente a mi hermano que estaba casado. Dedicándose ya para siempre Antonio al negocio de la hostelería en Sevilla.
 Las ganas de dejar situados a sus hijos no cesaba por parte de mi padre, por ese motivo habló con un jefe del Hotel Madrid que era cliente del bar, para que entrara de botones. El hotel estaba en la plaza del Pacífico hoy llamada de la Magdalena y fue un antiguo palacio, sí no recuerdo mal de los conde de Gelves , era una obra arte . Fue más antiguo que el hotel Inglaterra y a él llegaban la gente más importante y pudiente de aquel entonces, que visitaban nuestra ciudad. Fue en aquel momento cuando se abrió para mí un mundo nuevo, al principio solo iba los fines de semanas y festivos. Mi padre me dijo: Hijo ahora sí que aprenderás muchas cosas de la vida y no lo que vas a ver en los juzgados.”
Hasta aquí llego con mi lectura de momento, son más de las 2 de la madrugada y el sueño me alcanza. Aunque me tiene entusiasmado su relato, tengo que dejarlo, mañana seguiré. Prometo seguir con el relato y desvelar los documentos que hay en la caja en los próximo días. Adiós

LEBRIJA 1990