sábado, 26 de diciembre de 2009

Apuntes para un libro inédito.Historias del Vinagre.


UN CUENTO DE NAVIDAD



“ En Triana Soledad sólo es nombre de mujer”

Hoy, la noche se ha venido pronto, ha caído de repente como un manto oscuro sobre la tarde. Lo que hasta sólo un instante eran sonoras risas, ahora es desolador silencio. Todos corren ante la furiosa lluvia que cae con bravura inusitada sobre Sevilla.
A todo el mundo parece haberle entrado unas prisas contagiosas, saliendo del lugar de reunión en una autentica desbandada, corriendo bajo la lluvia.
Sin darme cuenta estoy haciendo lo mismo, me marcho del lugar de encuentro sin despedirme ,para meterme bajo un monumental baño de agua .
Cuando recobro la razón, estoy bajo un balcón empapado en agua.
Saco el móvil del bolsillo, y con mucha dificultad logro hablar por él , con el agua se me ha averiado y no veo a quién llamo. Sale la voz de mi amigo Enrique, la última llamada que hice, le pregunto quién ha pagado la cuenta. Él me dice que se ha encargado Marcelo y que no me preocupe.
Esta noche se presenta larga para mi, el teléfono suena: Mi hija, mi madre , mi hermano y por último mi hermana .Quieren que este pronto con ellos, son los que me quieren de verdad.
Algo pasa por mi cabeza, que me hace inventar escusas para no ir. Quiero estar esta noche sólo, sí, ese es mi deseo. Empiezo a sentir una sensación extraña, creo que es la adrenalina que esta subiendo. Esto debe de ser la misma experiencia que el ejercitar los deportes de riesgo. Cuando creo estar seguro de haber convencido a todos de que estoy muy bien, me preparo para encarar el reto marcado de estar sólo esta noche.
Son la siete de la tarde, no hay nadie, las calles vaciás. En los alrededores de las instalaciones deportivas que están junto a casa , no se encuentran ni los habituales que por allí duermen. Nadie en el siempre concurrido parque del Tetabrik. Escucho los primeros cantos navideños, sale del comedor social de las monjas. Son cantos de alegría , que me traen recuerdos y me dan nostalgia. Veo a jóvenes padres con sus pequeños, cargados de bolsas y paquetes, corriendo hacia sus coches para alejarse.
Yo también me alejo del lugar, pero para borrar los recuerdos que me asaltan constantemente. Busco el refugio de la barra de los bares donde apurar las últimas copas. Pero esta noche, tengo la impresión de que un extraño embrujo se va apoderando de las tabernas , convirtiéndolas en tascas, donde los camareros te expulsan a empujones y casi a escobazos.
Sólo son las 8,45 y me echan del último bar de la calle San Jacinto, veo el luminoso de un bar y me encamino hacia él dispuesto a seguir la ruta. En la puerta un camarero me para y me dice que está cerrado, al fondo veo un cartel que se me queda plasmado en la retina, como si de una foto fija se tratara “ EN TRIANA SOLEDAD SÓLO ES NOMBRE DE MUJER” no sé si reírme o llorar.
La lluvia sigue de fondo, apenas el reloj ha marcado las nueves de la noche y sigo buscando no sé a quién, pero busco.
Las calles de la ciudad parecen sacadas de una película de Alfred Hitchcock, hasta hay relámpagos y truenos. Y ahí estoy yo, sólo y mojado. Pensando y pensando se me viene a la memoria una vez que tuve una experiencia igual. Fue en Cádiz el año pasado, yo estaba dando clases a los alumnos de bachillerato. Fui notando como cambiaban de caras, entonces uno me puso un móvil en la oreja,
era la voz de su madre_
-Mire usted, que ha dicho la radio que viene un tornado y que están cerrando todos los colegios de la Bahía, aquí en San Fernando no hay ninguno abierto.
Le respondí -Bien señora, hablaré con el Director.
Aquella entrevista con mi buen amigo el Director, no se produjo nunca. Fue una tremenda desbandada, todos corriendo. El rumor del tornado, que corrió como la polvora, se apoderó en pocos minutos de la vieja Cádiz donde el pánico se mascaba.
Todavía no había terminado de bajar las escaleras de la histórica Escuela, cuando me aborda el conserje y me dice
Que el tornado va por Chiclana y que ha tirado no sé cuantas casas.
Eso ha dicho uno, que lo han escuchado en la radio. Apostilla
Le respondo – Dios mio, y yo cojo, sin poder correr.
Fue antes de operarme de la rodilla de menisco, no podía correr. Eso es lo que yo quería, correr como los demás que me adelantaban por la Plaza de San Francisco y por la avenida de Carranza yo hacía un esfuerzo sobrehumano por intentar alejarme de aquel sitio. No quería ser el último,al que pillara el Tifón ese . Mientras esto ocurría, sólo me acordaba de la madre que parió al que inventó el chiste del cojo en los San Fermines.
A duras penas llegué hasta el aparcamiento de Canalejas, donde mi coche era el único que quedaba por salir, imagen inedita e imborrable ,del siempre abarrotado aparcamiento. No había nadie, tampoco vi a los empleados del mismo, yo sólo en medio de la nada.
Salí lo más rápido que pude de allí, mientras por los cristales empañados del coche veía escenas dantescas de miedo colectivo. Las gentes aporreando las puertas de los autobuses Come, en la parada que hay en frente de la puerta del Muelle. En el Hospital vi como alguien se agarró a la puerta y el autobús seguía andando. El miedo es contagioso y todos eramos presa de él, mientras huíamos del susodicho tornado.
Nadie quería quedarse allí.Cuando me di cuenta, ya estaba en Las Cabezas de San Juan pasando el peaje. Días después pregunté por el tornado , nadie se acordaba de que eso hubiese sucedido. Dejé de hablar del día del tornado, porque noté que me miraban de forma rara.
Ya son más de las 10 de la noche, pienso que he llegado demasiado lejos con mi aventura, tiro la toalla, decido ir con los míos. Casi una hora esperando, y sin pasar un taxi , ni un autobús, ni un coche, nada. Llueve con mucha insistencia y descubro de pronto, que no soy un cantante en “La Isla del los Famosos” , que abandono, que soy un cobarde.
En el móvil, ya sólo recibo mensajes que no se de quienes son, se ha borrado la agenda . Sin móvil, mojado y sólo, esto no puede ser verdad. Debo de estar soñando, necesito despertarme pronto, esto debe ser una mala pesadilla.
Me encamino hacía mi estudio,. En el trayecto pienso en todas esas personas que estarán en la calle pasándolo mal , con el agua y el frío. Me consuelo pensando que hay gente que esta peor que yo.
De repente me acuerdo del Vinagre, si yo estoy mal ¿ cómo debe de estar él?
Llego a mi estudio y para colmo se ha ido la luz. He tardado más de una hora en encontrar una vela que compré en los chinos,de esas que tienen olores. Ella , sólo ha tardado diez minutos en agotarse.
Siguiendo los consejos de mi psicóloga personal, he dejado de comprar tantas cosas y de llenar el frigorífico, pues según ella eso son muestras de falta de afectividad. Gracias a ello, tengo el gran aparato que compré este verano y que me ocupa medio apartamento vacío. Por lo cual .tampoco comeré nada esta entrañable noche del 24 de diciembre.

Intento dormir, pero no puedo, hay un gracioso cerca tirando cohetes.
Amanece y es otro día, el teléfono ya me funciona. Me encamino hacia la busca de algún ser humano que me ratifique que no estoy sólo.
Los que me encuentro, me hablan sin parar de todo lo que comieron, de que su yerno trajo un jamón y lo bueno que estaba el marisco. Yo estoy inmerso en una huida hacia adelante, me invento la cena de navidad y lo bien que me lo pasé, para no desentonar.
Sorpresa, aparece el Vinagre, las dos de la tarde del día 25 de diciembre.
-Hombre Vinagre le he echado de menos estos días, sobre todo ayer.-
Le digo .-Me acordé de usted , que estaría sólo, no tendría donde estar, ¿ verdad Vinagre?.
Se equivoca Don Alfonso, estuve con una familia aquí arriba, que son muy amigos suyos . Me preguntaron por usted. Responde risueño.
¿Cómo que has cenado en familia? Le pregunto
-Si me he puesto morado y estuve cantando Don Alfonso. Me comí un motón de queso y marisco, jamón no, se hace una bola en la boca por los dientes. Me dice entre risitas, que me ponen nervioso.
¿ Qué me está usted diciendo, que no estuvo sólo? Le pregunto inquisitorialmente.
Claro que no estuve sólo, como todo el mundo. Sentencia de forma resolutiva, mirando al techo.
Anoche le vi Don Alfonso. Suelta con voz socarrona.
¿Y por qué no me dijo nada?. Pregunto
Creo que anoche tenía usted una cita. Me dice haciendo la mueca típica suya.
Yo no tenía cita con nadie. Le respondo.
Usted tenía ayer una cita con la SOLEDAD. Responde dejándome helado.
-No se desconcierte, Don Alfonso es una experiencia más que le servirá. Me dice mientras me hace coger una servilleta y escribir una letra que a continuación expongo:




Soleá
Pasé por Triana un día,
y me vi perdio en su arte.
Y oí una voz que decía,
En Triana no se pierde nadie.

La lluvia por Triana,
no hace daño ni ná.
Porque va cayendo del cielo por soleá.